Puerta que desde mi interior,
Deslumbra ante mí la costa del mar Caribe,
Recuerdos de atardecer;
Caracolas, piedras preciosas del mar,
De cálidas y transparentes aguas
Manos que se entrelazan, suspiros de atardecer
Nadie puede inmutarse a tal sensación,
El cielo, la arena, el mar…
Con delicadas olas que se mueven al vaivén de mi corazón
Tiempo para amar, para entregarse a la vida “ser feliz”;
Porque al mirar en mí, vibro
Se vuelcan curvas, espirales, garabatos en el pensamiento
En este siglo vivido, a flor de sentimientos encontrados
Por haber vivido en una ola que me levanta y me regresa de vuelta,
A esta realidad hostil y terrestre.
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jueves, 2 de diciembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
Piano Mar (Daniel Cob)
El sonido de tu oleaje
al parecer se mueve al son del vals
tan suave que inspira paz,
y tranquilidad mientras se va
la grandeza de mi tristeza acompañada de tu delicada brisa.
Un segundo que pasa, un sonido distinto escucho
de tu oleaje hermoso
que va al son del atardecer,
una música que no compuso Beethoven
una sinfonía única y natural,
el concierto se va entonando
ese romance en adagio
pero en ese instante en mi imaginación
relaja mi mundo interior.
El espectáculo está brillando
está en su culmen sonoro,
el soneto majestuoso como aire que respiro,
vibra mi corazón con cada nota combinada
esta pieza es alegría,
lentamente detiene su musicalidad que inspira
y me deja y se queda
en el silencio interno
ese silencio que me encuentra con la soledad
una soledad que no está sola
sino que es mi compañera.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Piano Mar (Saúl Martín Tuyub Castillo)
Escucharte, niña sirena, mientras tus dedos cantan con su voz de caricia las notas del piano, y sonríes entre pícara y maliciosa, cuando en secreto recuerdas algo que yo ya intuyo.
Si, ya sé, ya sé, que el tiempo ha inscrito en ti un sinuoso vals que acompañas sobre olas de mujer, el mismo que un día trajo a mi playa la fortuna de tenerte, dejará también el enredado sargazo de perderte.
Y ya transformada en piano-mar, tus notas alegres suenan lóbregas; este tiempo, ¡Si tan sólo pudiera ser mío alguna vez!
Si, ya sé, ya sé, que el tiempo ha inscrito en ti un sinuoso vals que acompañas sobre olas de mujer, el mismo que un día trajo a mi playa la fortuna de tenerte, dejará también el enredado sargazo de perderte.
Y ya transformada en piano-mar, tus notas alegres suenan lóbregas; este tiempo, ¡Si tan sólo pudiera ser mío alguna vez!
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